Esta nota plantea el eterno debate de cuál es límite de la obtención de datos biométricos, en relación a la seguridad de las personas, sin que esto implique una invasión a la privacidad.
Hay casos donde grandes empresas tecnológicas se han negado a venderle tecnología para obtener datos biométricos a gobiernos y hay quienes están a favor por cuestiones de seguridad. ¿Sabías que existen gobiernos con leyes aprobadas para permiten acceder a cualquier dispositivo móvil de cualquier ciudadano?
Muchos afirman que la obtención de datos biométricos en espectáculos en vivo ayudaría no solo a cuestiones de seguridad sino también a poder brindar servicios con objetivos muchos más especificos y personalizar la experiencia de los usuarios (al extremo) en cuanto a los gustos y preferencias de cada espectador. Por ejemplo, se podría detectar emociones en tiempo real, acceder a servicios o lugares específicos como así también evitar suplantación de identidad.
El principal problema es qué se hace con esta información después. La responsabilidad de almacenar datos biométricos es altísima, ya que suponen que el que obtiene estos datos de manera legal (o no), podría usar esa información para hacerse pasar por esa persona.
No nos olvidemos que, por ejemplo, muchos de los bancos en Argentina utilizan biometría para validar sus cuentas y organismos públicos utilizan biometría para validar a los contribuyentes. Una de las principales empresas de medios de pago de LATAM usa biométrica para las altas de cuentas de los usuarios, por lo que una vulnerabilidad en estos sistemas es un gran riesgo: los fraudes por suplantación de identidad cada vez son más y el problema parece no estar resuelto.
El mundo ideal implicaría el uso de estas tecnologías donde solo estos datos puedan ser almacenados en casos excepcionales y protegidos de una manera que resultarán ilegibles para cualquier tercero, o incluso eliminados despues de cumplir con su función.

